Marian tiene 30 años, es mamá de un niño de cinco. Ella se dedica al hogar y a su pequeño; se considera una mujer inteligente, fuerte y muy en consiente de la realidad. Sin embargo, una fuerza irracional en su interior, la hunde en el abismo del auto convencimiento permanente, de que tiene una enfermedad grave.
En los últimos meses, ha tenido problemas con la vista, auditivos, estomacales y nerviosos. Se ha realizado estudios intensivos, que determinaron que su salud estaba bien. El mal desaparece y surgen otros nuevos. Este caso es un claro ejemplo de la hipocondría.
La hipocondría es una enfermedad en la cual una persona cree de forma infundada que padece de alguna enfermedad grave. Se somete constantemente a un autoanálisis minucioso y preocupado, incluso obsesivo, de las funciones fisiológicas básicas y piensan en ello, como si se tratase de una enfermedad biológica.
Pero, ¿qué nos hace hipocondriacos?
Estudios como el del Hospital General Kamitsuga (Japón) apuntan una estrecha relación entre este trastorno y la depresión. De 86 pacientes depresivos analizados, 49, mostraban síntomas hipocondriacos.
Existen dos tipos de pacientes, la persona que va muy seguido al centro de salud en busca de diagnóstico que no ha sido diagnosticado o haciendo nuevos métodos de exploración, mientras que otros se aterrorizan tanto a que les confirmen una enfermedad que ya sospechaban, que no se realizan ningún examen.
La terapia cognitiva puede ayudar
Un estudio realizado por varios expertos de Reino Unido, apuntan a que una terapia cognitiva, que ponga en contacto al paciente con los síntomas que percibe, ayudará a que no esté pensando en la enfermedad como un lecho de muerte.
Se trata de cambiar el pensamiento funcional, que los ayuda a racionalizar bien, mediante técnicas que se aplican en la terapia, como la relajación, para eliminar síntomas de ansiedad y proporcionar pensamientos positivos y agradables; restructuración cognitiva, para validar y eliminar los síntomas débiles de la posible enfermedad, visualización de los presentimientos negativos sobre la enfermedad y la muerte y por ultimo, mejorar la asertividad y la autoestima frente a quejas y lamentaciones.
Existen casos extremos, en donde esta terapia definitivamente no funcionará. Es por eso, que es mejor recurrir a la ayuda extra de la farmacología o terapias alternativas que puedan ayudar en el proceso.
Por Angélica Sotelo.





