Dejar de fumar es uno de los retos más tortuosas y maratónicas a las que se puede enfrentar una persona: mientras no comprendamos el poder adictivo de la nicotina y dimensionemos su capacidad de seducción, no podremos atajar el problema de fondo. El cigarro se ha convertido, junto con el alcohol, en una de las drogas más devastadoras y es socialmente aceptable. La construcción semiótica del cigarro va ligado a un carácter rebelde, subversivo, cool que es difícil de revertir: desde las películas hasta la publicidad, las personas que fuman se perciben como interesantes, diferentes y complejas. La realidad es que el cigarro es un imán de enfermedades como el cáncer, padecimientos cardiovasculares y ansiedad, entre otros.
Y dejarlo es complicadísimo. Mi experiencia personal me remite a la icónica novela “La conciencia de Zeno”, escrita por Italo Svevo y que es un divertidísimo viaje a la memoria de Zeno. La novela es un constante triunfar y fracasar en la batalla por dejar el tabaco del protagonista. Y así es cómo nos sentimos los que hemos tratado de dejar el cigarro: impera la lógica del último cigarro, o de “un cigarro para celebrar”, o “un cigarro porque estoy ansioso”. La mente del adicto es muy tramposa pero el común denominador es que siempre nos premiamos con un “último cigarro”.
Poner fechas
En la lógica de los que somos adictos al tabaco siempre impera una máxima: “mañana lo dejo” y ese mañana se convierte en un punto indefinible en el futuro que se hace más y más pequeño y nunca llega. Por eso es indispensable poner una fecha tangible y certera de cuándo vamos a dejar de fumar y tratar de ir bajando el consumo de cigarros día a día. Si te fumas una cajetilla diaria, tratar de que sea una cajetilla cada dos días. Así gradualmente irás bajando el consumo y no será tan de golpe cuando llegues al día que te marcaste.
No veas las recaídas como fracaso
Todos fallamos cuando queremos dejar de fumar. Todos caemos. Es normal y no tienes porqué sentirte mal al respecto. Ve esas recaídas como curvas de aprendizaje y trata de identificar qué es lo que te faltó para poder llegar al objetivo de dejar el tabaco. Como dirían en los programas de Alcohólicos Anónimos: Un día a la vez. Probablemente volverás a fumar en tus primeros intentos, pero el mérito está en seguir intentando y que cada intento sea mejor que el anterior.
Ir a terapia
Nuestra mente es una pequeña caja de misterios y a veces funciona sin nuestro consentimiento. Según la Revista Americana de Psicología, los que somos adictos al cigarro tenemos tendencia a encontrar bálsamos en el acto de fumar, es decir, si tenemos ansiedad, depresión, crisis nerviosas o cualquier otro padecimiento, usamos el cigarro como forma de solucionar. Hay un elemento irracional y muy emotivo en la adicción al cigarro; no tan dramática como en otro tipo de drogas, pero que tienen el mismo mecanismo psicológico. Ir a terapia o a grupos de soporte puede ser un buen comienzo en la cruenta lucha por dejar el vicio.
Diles a tus familiares y amigos que vas a dejar de fumar
Un simple gesto como comunicar a tus seres queridos que vas a dejar de fumar es un primer gran paso. No sólo porque es un compromiso sino por la presión social que eso supone. Si te ves tentado a fumar, tendrás a tus seres queridos apoyándote y recordándote aquella promesa que hiciste de dejarlo. Y si vas a fumar a sus espaldas, pues es un indicativo de la dimensión del problema.
Encuentra otras formas de relajarte
Hacer yoga, practicar algún deporte, entrar a clases de baile, ir a correr, leer, ver películas. El mundo está lleno de posibilidades sanas para que encuentres formas de relajarte y descomprimir del estrés de la vida moderna. Encuentra tu nicho y busca en esas actividades las relajación que antes creías que el cigarro te daba.
Googlea los riesgos de fumar
Una simple búsqueda en internet acerca de todos los padecimientos que genera el cigarro debería ayudar en reafirmar por qué dejarlo: Cáncer, paros cardíacos, enfisemas y una reducción en el estimado y calidad de vida debería ser suficiente para espantarnos un poco. Si eso no termina de funcionar, recuerda que año a año suben de precio y a ver si desde el impacto al bolsillo puedes encontrar ese empujoncito que hace falta.
Por Omar Quintana.




