La existencia del ser humano podría ser resumida como “la búsqueda de la felicidad”. Pero la felicidad es un concepto tan extraño, ambiguo, relativo y complejo que no hay una definición exacta de qué es la felicidad. Y sin embargo, todos la buscamos, afanosos, obsesivos: consumimos todo aquello que nos dice dónde encontrarla.
Desde los griegos, la felicidad ha tenido un peso fundamental en la configuración del pensamiento occidental: las diversas escuelas de pensamiento que van del hedonismo al estoicismo, enfocaron buena parte de su obra filosófica a buscar el sentido de la existencia y en cómo se logra la felicidad.
Aristóteles, por ejemplo, construye su propuesta ética alrededor del problema de la felicidad. Para el filósofo griego, la felicidad no era la satisfacción de los placeres humanos, como profesaban los hedonistas, sino que surgía de la convicción de ser buena persona. El hombre feliz para Aristóteles era el hombre virtuoso que hacía rutina y hábitos positivos.
El novelista y ensayista checo Milan Kundera definió que la felicidad era una paradoja ya que se era retrospectiva; es decir, que la felicidad sólo podía ser razonada después de que se es feliz, nunca en el momento. Entonces, la felicidad queda como un pedazo de memoria.
En esta época, donde nos bombardean con libros, programas de radio y televisión, guías, consejos de cómo ser feliz en las redes sociales, es cuando la depresión, el complejo de insatisfacción y el estrés más presente están en nuestra sociedad.
Pero entonces ¿cómo podemos encontrar la felicidad?
1. No hay un manual para ser felices
Contrario a lo que los libros, los coach, o programas que vendan la idea de “cómo alcanzar la felicidad”, no existe una fórmula estandarizada para que las personas sean felices. Cada experiencia, cada vida está sometida a circunstancias muy particulares y la felicidad es un proceso interno y es imposible estandarizar una forma para alcanzar la dichosa felicidad.
2. La felicidad no está (del todo) en lo económico.
Obviamente si se tiene seguridad y estabilidad económica, las presiones y tensiones disminuyen. Pero la riqueza material no compra la felicidad.
3. La felicidad es orgánica
Retomando la paradoja que planteaba el escritor Milan Kundera, la felicidad es instantánea y surge de forma orgánica. Si nos encontramos buscándola de forma obsesiva, dejaremos pasar momentos bellos de nuestra vida.
4. Tener relaciones sanas con nuestros seres queridos
Aquí radica mucho de la felicidad: relaciones sanas, no tóxicas con las personas cercanas a nosotros. El equilibrio en estas interacciones sociales son una clave indispensable para sentirnos realizados emocionalmente.
Equipo de redacción Goodlink




