En 2010, la académica española Adela Cortina acuñó el término aporofobia para definir el rechazo y miedo que tienen las personas a los colectivos pobres o en situación de calle por el simple hecho de ser pobres.
Si bien no se trata de un trastorno mental, sí es una disfunción social que discrimina la marginalización y exclusión de las personas que no tienen dinero ni bienes materiales. El fenómeno ha ido al alza y se da hasta de forma inconsciente. Pero, ¿qué hacer para acabar con la aporofobia?
1.- No normalizar la pobreza
Es necesario dejar de pensar que la pobreza es algo predestinado. Normalizar la pobreza es pensar que para que unos estén bien, otros deben estar mal. Esa noción de estructuras verticales u jerárquicas a la larga hacen que terminemos por ver a la pobreza como algo natural.
2.- Comprender los diferentes factores de la pobreza
Evitar caer en prejuicios vacíos como “es pobre el que quiere” es básico para generar una mayor concencia social. La pobreza es multifactorial: la falta de oportunidades, la poca movilidad social, la precarización laboral son factores que tenemos que comprender que influyen en la pobreza.
3.- La caridad no es la solución
La caridad permite a las clases pudientes una especie de ilusión de paz mental. Pero son meros parches. Mientras más pronto comprendamos que el acto de caridad es en la mayoría de casos pura condescendencia y una medida temporal. Lo ideal sería involucrarnos en proyectos comunitarios que ataquen la pobreza de raíz como proyectos educacionales, talleres de capacitación laboral, comedores comunitarios, etcétera.
4.- Dejar de lado los prejuicios
Las personas en situación de calle merecen respeto y atención. Los prejuicios son la herramienta con la que se nutre la indiferencia. Romper con esos prejuicios nos va a permitir confrontar de mejor forma la pobreza.
Equipo de Redacción GL





