Halloween: La leyenda de Stingy Jack

Una gran de leyenda, ¿la conoces?

28 de octubre del 2019

Conforme se acerca la noche del 31 de octubre sale toda la parafernalia de Halloween: Disfraces de todo tipo -desde Batman hasta El Santo, de Groucho Marx a Mortycia-, telarañas falsas, esqueletos, brujas que cuelgan de los techos. Todo se convierte en un gran carnaveral de máscaras y disfraces. Y sin embargo, el gran ícono de esa noche son esas gigantescas calabazas talladas con un rostro de media sonrisa e iluminadas con alguna luz o vela mortecina.
 
Pero ¿sabes el por qué de esa tradición?
 
Sabemos ya que Halloween (abreviación de "All Hallow's evening" o La víspera de todos los santos) es una noche con un marcado sentido religioso que se ha convertido en un festejo excusa para pedir dulces y disfrazarse. Sin embargo, hay varios componentes de sus liturgias y tradiciones que se remontan a otros siglos, leyendas orales que si bien ya han quedado en el olvido siguen presentes. Es el caso de Jack O'lantern.
 
La fábula celta
 
Esta historia se remonta a la tradición celta, es decir, de las regiones irlandesas y escocesas, y le da un pequeño giro a las historias donde el ser humano se encuentra con el diablo. En los libros religiosos y en la mayoría de ficciones (por ejemplo el Fausto de Goethe) el diablo siempre se presenta como el tramposo, listo, estratégico. Aquí hay una diferencia.
 
Stingy Jack
 
La historia cuenta que un ladrón/herrero se encontraba bebiendo cerveza y cuando se quedó dinero para seguir empinando el codo, decide hacer un trato con el diablo: le dará su alma por un último trago. El diablo encuentra irresisitble este trato y se convierte en una moneda de oro.
 
El humano es más inteligente
 
Jack, un herrero y ladrón bastante vivido , ve en este momento su oportunidad: en vez de comprar ese último trago, decide colocarse la moneda en su collar que tiene una cruz de plata, atrapando al diablo para siempre. Después de una ardúa negociación, el diablo accede a deshacer el trato y dejar su alma libre.
 
Oh, la ironía
 
Sin embargo, toda vez que muere Jack, por causas naturales, San Pedro le niega la entrada a los cielos por su vida de libertinaje y malas acciones. El diablo, aún rencoroso por haber sido engañado por Jack, también le niega la entrada a los infiernos, dejando a nuestro protagonista vagando como un alma en pena donde todo es oscuridad.
 
El final:
 
Después de insistirle mucho, el diablo se compadece de él y le manda un carbón en llamas que nunca se apaga desde el mismísimo infierno a la alma en pena de Jack, que sólo carga un nabo/papa en su eterno viaje en el limbo. Tras ahuecar el tubérculo, Jack coloca el fuego infernal dentro del nabo y así nace una de las tradiciones más simbólicas de Halloween.
 
 
Por Omar Quintana.

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