El amor en tiempos modernos, ¿cómo sobrevivir a ello?

Desde finales de los años 60´s la revolución sexual ha traído un sinfín de choques culturales.

12 de enero del 2020

Si algo ha servido esta época es para absoluto cuestionamiento de todas las instituciones-reales, tangibles, simbólicas e idearias- que nos rigen la vida y nos componen nuestra forma de pensar y sentir. Estos cuestionamientos, o según la jerga moderna, deconstrucción, ha traído cambios significativos como que se debata y se trate de mejorar los roles de género, el racismo, el clasismo, las nociones de identidad individual y colectiva, el pensamiento religioso, la propia ciencia, los medios de comunicación, las enfermedades mentales y, lo que nos interesa hoy, el sexo y el amor.

 

Desde finales de los años 60's, la revolución sexual ha traído un sinfín de choques culturales: la libertad y la destrucción del tabú del sexo y del propio cuerpo como medio de placer ha sido enfrentado con las nociones conservadoras impuestas por el pensamiento religioso, más afín al recato. El sexo y el amor, primero unidos como formas de control y jerarquía social, poco a poco se han ido agrietando y formando formas más liberales de consumirse. Y digo consumirse, porque según una pléyade de académicos, con Durkheim y Reugnard a la cabeza, el amor y el sexo han entrado a una etapa de mercado donde se consume.

 

Hemos pasado entonces de una noción del amor romántico como utopía a una transición de amor libre sin mucho mayor contenido que la idea hedonista del placer por el placer. En el libro “El consumo de la utopía romántica”, la académica Eva Illoach hace un estudio del amor -y el sexo- como una ficción que todos consumimos; sin apenas juicios de valor, Illoach señala que en su recorrido histórico la idea del amor ha servido como una evasión y un reducto de contracultura al sistema mercantilizado en el que vivimos y que sin embargo, ya ha cedido a éste.

 

El amor romántico: tóxico o idealista

 

Sobre el amor romántico se ha escrito muchísimo: tanto a favor como en contra: surgido del movimiento artístico del romanticismo alemán, quizás enfocado en la novela corta “Las cuitas del joven Werther” de Goethe, el amor romántico ha sido canonizado como “el gran gesto”, ese donde el enamorado es capaz de dar la vida por su enamorada (en la novela de Goethe, el joven Werther, incapaz de conquistar a su amada, termina suicidándose). Ese idealismo con el paso del tiempo fue calando hondo y perpetuándose como una forma pasional e irracional de amar. Centrada en la idea de que hay sólo un amor por vida, fue poco a poco convirtiéndose en un método de dominación en las relaciones de pareja. Desde los espacios críticos del amor romántico, éste ha servido como forma de esclavizar y cosificar a la mujer. Sin embargo, la contraparte alega que el amor romántico ha tenido una función clave a la hora de luchar contra la época industrial y tecnificada, es decir, los valores máximos que defiende el amor romántico son contraculturales al sistema capitalista: es irracional, espontáneo y pasional contrario a la frialdad de la sociedad post-industrial, es gratuito en vez de un producto de mercado por el que hay que pagar, es privado en vez de público, y es profundamente humano-con las virtudes y defectos que eso conlleva- en vez de aséptico.

 

La liberación y el vacío de propuestas

 

La liberación sexual y la desmitificación del concepto del amor fuera revolucionarias. Según el periodista Gay Tallese, que cronicó y fotografió la Revolución sexual en la década de los 60's en Estados Unidos, ese movimiento es uno de los más importantes en la historia moderna: la re-apropiación del cuerpo fue un triunfo simbólico sin igual. Las personas rompieron los prejuicios inculcados por la ecucación tradicional y conservadora y la corporalidad, siempre vista como algo profana, ahora era un hito. Sin embargo, según Illoach, este triunfo ha sido un poco decepcionante con el correr de los años. No porque no fuera necesario, sino porque no ha traído un nuevo cambio de paradigma en la forma en la que experimentamos el amor y nuestra sexualidad. En vez de buscar paradigmas más democráticos y horizontales-ajeno a las relaciones de poder que establece el amor romántico-, lo único que ha cambiado-que no es poco- es una mayor igualdad entre mujeres y hombres acerca de cómo se relacionan.

 

Las utopías que consumimos

 

Los productos culturales que consumimos, señala Durkheim, siguen moldeando nuestras percepciones del amor. Y si bien han variado siguen siendo nocivos en el sentido que siguen perpetuando modelos culturales que idealizan o satanizan al amor y al sexo. Sólo varían algo: si antes era mal visto ser soltero, ahora ser monógamo o no querer tener una relación/sexo es visto como un handicap social. Los nuevos modelos de cómo nos relacionamos como el poliamor, relaciones abiertas, “amigos con derchos” siguen perpetuando modelos anclados en el pasado por mucho que estén maquillados de “modernidad”.

 

¿Qué hacer?

 

La escritora catalana Najat el Hachmi señala que “se han revertido los papeles”. El amor ha pasado a ser el acompañante del sexo, cuando era al revés décadas atrás. Eso no supone un cambio, sino simplemente una suplantación de roles. Lo ideal sería que cada quien se relacionara como quisiera sin tener que caer en presiones sociales de ningún tipo.

 

Por Omar Quintana.

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